Mi vida es un testimonio del poder restaurador, la redención y la transformación de Dios.
Escogí un camino que nunca fue diseñado para mí-un camino que abrió la puerta para que el enemigo robara, matara y destruyera. Esa destrucción no fue solo física; se infiltró en mi mente, mis emociones y mis relaciones. ¡Pero Dios!
Mis decisiones me dejaron rota, agotada y atrapada en la rebeldía, la desobediencia, la arrogancia y la auto-gratificación. Sin embargo, aun en medio del caos, yo estaba en el corazón de Dios. Él envió ayudadores de destino para sacarme del borde y rescatarme de mí misma.
Esta es más que mi historia-es un recordatorio de que, sin importar lo lejos que caigamos, el amor, el perdón y la restauración de Dios pueden alcanzarnos. Hay una gran diferencia entre el sufrimiento que eliges y el sufrimiento que te elige a ti. Y en esa diferencia se encuentra la esperanza de la transformación.